Corriendo la Carrera

Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.

Consideren, pues, a Aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra Él mismo, para que no se cansen ni se desanimen en su corazón.

Hebreos 12:1-3

Notas


Hebreos 11 relata la historia de varios hombres y mujeres de Dios; aunque fueron considerados fieles, ninguno de ellos era perfecto. Dios llama a hombres y mujeres de diferentes nacionalidades y condiciones económicas: desde Moisés, quien fue criado en el palacio del Faraón, hasta Rahab, la prostituta. Muchas personas fieles nos han precedido como testigos y mártires del evangelio. La nube de testigos —aquellos que vinieron antes que nosotros— conocía las promesas de Dios, pero las acogía desde la distancia. También sabían lo que significaba sentirse como un extranjero o un exiliado, incluso entre su propio pueblo.

En las Escrituras, nos vemos rodeados por las voces de los testigos que perseveraron en la prueba y ejemplificaron una gran fe. Al leer acerca de estos hombres y mujeres, deberíamos hallar aliento, apoyo y esperanza. Los santos que nos han precedido —y algunos incluso en la actualidad— han experimentado grandes sufrimientos y pruebas. En medio de las pruebas y el sufrimiento, se mantuvieron firmes en su fe, con una inquebrantable confianza en la soberanía de Dios. El apóstol Pablo fue encarcelado en numerosas ocasiones; sufrió incontables palizas e incluso fue apedreado. En la Segunda Epístola a los Corintios, Pablo enumera todo lo que padeció por causa del evangelio.

Cinco veces he recibido de los judíos treinta y nueve azotes. Tres veces he sido golpeado con varas, una vez fui apedreado, tres veces naufragué, y he pasado una noche y un día en lo profundo.

Con frecuencia en viajes, en peligros de ríos, peligros de salteadores, peligros de mis compatriotas, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajos y fatigas, en muchas noches de desvelo, en hambre y sed, con frecuencia sin comida, en frío y desnudez.

2 Corintios 11:24-27

A pesar de todo esto, la preocupación de Pablo no radicaba en su propio bienestar; él perseveró por las iglesias y por el evangelio. Recordemos que Pablo, en otro tiempo llamado Saulo, fue un perseguidor de los cristianos. Su vida cambió para siempre a partir del momento en que quedó ciego en el camino a Damasco —relatado en Hechos 9:1-9— y se convirtió para servir a Dios, en lugar de perseguir a Su pueblo.

Todos experimentamos adversidades: sufrimos dolor, hambruna e incluso las consecuencias del pecado; vivimos experiencias de pérdida: la pérdida de un empleo, de un hogar, de un ser querido y/o la pérdida de la esperanza. ¿Cómo logra alguien perseverar a través de las adversidades, las pruebas y los sufrimientos? Afortunadamente, Proverbios 3:5-6 nos ofrece las respuestas.

Confía en el Señor con todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propio entendimiento.
Reconócelo en todos tus caminos,
Y Él enderezará tus sendas.

Proverbios 3:5-6

Este versículo es más fácil de citar que de poner en práctica, especialmente en tiempos difíciles. Pero Hebreos 12:1 nos dice: «despojémonos de todo estorbo y del pecado que tan fácilmente nos enreda». ¿Qué pecado te impide confiar en el Señor en todas las cosas? ¿Qué necesitas eliminar de tu vida para poder confiar plenamente en Dios? En medio de los dolores, las pruebas, el sufrimiento y las pérdidas más profundas —cuando no hay nadie más a nuestro alrededor—, Dios está presente. Cuando nos faltan sabiduría, entendimiento y fortaleza, podemos pedírselas a Dios y recibirlas. El objetivo en esta vida es correr con perseverancia la carrera que se nos ha trazado. Esto significa que debemos vivir esta vida con la resiliencia y la fortaleza que Dios ha dispuesto para nosotros.

Con nuestra vida en Cristo, podemos tomar ánimo y hallar esperanza en las personas —imperfectas, pero fieles— que nos precedieron. Ellas confiaron en la soberanía divina. Cuando nos encontremos en circunstancias difíciles, haríamos bien en considerar leer y extraer sabiduría de las vidas del apóstol Pablo, de Job, de Rahab y de los discípulos. Todos ellos, y muchos otros más, han perseverado y han entrado en la presencia de nuestro Señor como siervos buenos y fieles.


Versos de Memoria

Orville Houghton Peets. Velas y una vista (1884–1968). Aguafuerte. El Museo de Arte de Cleveland

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Invitación a la Oración



Imagen de portada: Henry Ossawa Tanner. Barco en una tormenta, 1879. Colección del Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana

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