¿Sufre alguien entre ustedes? Que haga oración. ¿Está alguien alegre? Que cante alabanzas. ¿Está alguien entre ustedes enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe restaurará al enfermo, y el Señor lo levantará. Si ha cometido pecados le serán perdonados.
Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho.
Santiago 5:13-16
Notas
Quejarse se ha vuelto algo normal. La sociedad se empeña en señalar problemas, divisiones, decepciones, inconvenientes y dificultades. La negatividad se ha convertido en sinónimo de personas ocupadas y exitosas. Sin embargo, la positividad y la negatividad son una elección. En cada situación, uno puede centrarse en los problemas y las decepciones o, en cambio, encontrar alegría y propósito, incluso en la decepción. Cuando estamos en apuros, se nos llama a acudir al Señor. Cuando estamos felices, debemos llenar nuestros espacios de música. También se nos pide cantar en tiempos de dificultad y orar en tiempos de alegría. En lugar de quejarnos o caer en la autocompasión, debemos encomendarle todo al Señor, tanto en los buenos como en los malos momentos.
Para superar esas dificultades, se nos llama a acudir a los líderes de la iglesia, quienes se supone que nos ungen con aceite. ¿Acaso las intenciones eran medicinales o espirituales? Nadie puede explicar completamente el verdadero significado de las palabras de Santiago, pero hay algunas cosas que podemos aprender.
NADIE DEBE SUFRIR SOLO
Estamos llamados a llevar la carga de los demás, y los líderes de la iglesia, en particular, deben ayudar a los miembros de su congregación, orando por ellos y brindándoles apoyo.
FUIMOS HECHOS PARA LA COMUNIDAD
El sufrimiento nunca fue concebido para ser manejado en privado y oculto. La cultura nos ha hecho creer que no debemos agobiar a los demás con nuestros problemas, pero esa nunca fue la intención de Dios. Compartir con una comunidad de creyentes y líderes de la iglesia permite que más voces clamen al Señor.
EL LIDERAZGO DEBE ESTAR PREPARADO
Parte del rol, la disciplina y el llamado de ser un líder en la iglesia es estar preparado para orar, llorar, escuchar, abogar, rendir cuentas y amar a quienes acuden a ellos en busca de ayuda. Esta no es una posición de poder y prestigio, sino la de un siervo dispuesto, listo para ayudar a quienes sufren.
La sanación no es solo física o espiritual; puede ser ambas. El Señor nos recuerda continuamente que debemos ir a la raíz del problema en lugar de simplemente tratar los síntomas. Cuando los amigos trajeron al paralítico, Jesús le dijo que sus pecados le eran perdonados y luego lo llamó a levantarse y caminar (Mateo 9:1-8). Los líderes eran llamados a ungir con aceite a quienes acudían a ellos. Esta práctica es primero espiritual (purificación y encomendación al Señor para su perdón) y luego física (tratamiento y atención al sufrimiento del cuerpo). Se busca tanto el perdón como una mejor salud (Salmo 103:3).
La oración es poderosa, a pesar de la creencia moderna de que la humanidad, el conocimiento y la tecnología lo son aún más. No hizo falta una sola persona en Nínive para salvar la ciudad. La salvación requería que cada persona clamara en confesión y arrepentimiento, y comenzó con sus líderes (Jonás 3:6-10). Cuando Pedro estaba en prisión, no fue una sola persona, sino muchas las que oraron (Hechos 12:5). La oración no es un talismán, un amuleto de la suerte ni algo místico. Tiene consecuencias, pero es porque nos libera de un problema que carga sobre nuestros hombros y se lo entregamos al Todopoderoso.
Es fácil olvidar que lo espiritual, lo físico, lo emocional y lo mental están interrelacionados. No podemos limitarnos a sanar el cuerpo; debemos cuidar también el alma. Olvidamos, además, que el poder sanador de los tiempos de Cristo sigue vigente hoy. Se pueden mencionar los avances en medicina, higiene y la priorización de la salud mental, pero lo que pasa desapercibido es la acción espiritual. Sin importar nuestras pruebas, dolor o sufrimiento, nuestro primer acto debe ser clamar al Señor en oración y adoración. Luego, debemos buscar el apoyo de quienes nos rodean y a quienes puedan unirse a nosotros en oración. Finalmente, debemos mirar hacia nuestro interior, confiando en el Señor incluso cuando tengamos dudas. El perdón, la sanación y la fortaleza tal vez no lleguen como esperamos, pero están disponibles para quienes tienen fe en el Señor en todo.
Para leer más sobre Santiago 5:16, consulte la reflexión sobre la Oración y la Confesión.
Versos de Memoria

Charles Marie Dulac. Himno a la Creación: Espíritu Santo de Dios, 1894. Museo de Arte de Cleveland
Versos relacionados
Más versículos sobre invocando al Señor con alabanza:
Invitación a la Oración

Preguntas de aplicación
- Cuando la vida se vuelve difícil, caótica y ruidosa, ¿cuál es tu primera reacción? ¿Es la oración tu primer paso, o te dejas llevar por el estrés, la preocupación y las distracciones? ¿Cómo puedes empezar a practicar la oración como prioridad tanto en los buenos como en los malos momentos?
- Fuera de la iglesia o los domingos por la mañana, ¿cantas alabanzas? ¿Cómo sería cantar con más frecuencia?
- ¿Dudas en pedir ayuda o oración cuando estás pasando por dificultades? ¿Hay sufrimiento oculto, malos hábitos o relaciones rotas que te impiden alcanzar la alegría espiritual o el bienestar físico? ¿Hay alguna dificultad en este momento que podrías compartir con la iglesia y pedir oración y apoyo?
- ¿Tienes al menos una o dos personas en tu vida con quienes puedas ser honesto/a? Si no, ¿qué personas o cosas necesitas eliminar de tu vida para dar cabida a relaciones más enriquecedoras y duraderas?
- ¿Cómo defines la oración y cumple con el propósito de Dios? ¿Cómo puedes evaluar mejor la eficacia de la oración, no por si consigues lo que crees que quieres, sino por si se alinea con la voluntad del Señor?







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